MAESTROS

A continuación transcribo una selección de partes significativas de un escrito de Toyo Ito en el que describe el espacio simulado, extraido de la Revista El Croquis Nro 71. (1995). Autor: Toyo Ito. Arquitectura en una ciudad simulada. Traducción Jorge Sainz. Madrid.

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En cualquier época, el sueño de una vida conduce a un nuevo espacio.

Por ejemplo, la gente de los años en torno a 1975 soñaba con una vida moderna en un espacio con aparatos eléctricos. El símbolo de todo ello era una casa de cubierta plana, con grandes ventanas, o brillantemente iluminada, y rematada con un tejado de poca pendiente, una cocina con un frigorífico y un horno empotrados, sillas de comedor con armadura de tubo cromado y delgados respaldos de madera curvada, etc. Esta vida modernizada conlleva cierto tipo de núcleo familiar. Un padre con camisa blanca que trabaja en una oficina moderna construida con acero y vidrio, y que vuelve a su casa, a esa cocina y a ese comedor, donde lo esperan una esposa y unos hijos sonrientes. Si un Volkswagen o un Citroën 2CV estuvieran aparcados fuera, la imagen de esa nueva vida sería perfecta.

Mientras que esa vida ideal propia de la era eléctrica se encarna esencialmente en el espacio de la forma moderna de vida, nosotros todavía no hemos encontrado un espacio adecuado para la vida ideal de la era de los ordenadores. Más que en las viviendas el contraste se refleja de un modo más efectivo en la diferencia entre el Volkswagen o el Citroën estaban diseñados con formas que implicaban diversas funciones mecánicas, mientras que los coches japoneses de nuestros días, dotados de varios dispositivos electrónicos inteligentes, se cubren de un envoltorio de diseño superficial, nada alusivo a la variada tecnología de su interior. El diseño de la imagen de los coches actuales es ajeno a su mecanismo. Otros aparatos electrodomésticos se basan en un concepto similar.

(…)

Entonces, ¿cuál es la nueva vida de hoy en día? Estamos demasiado ocupados para pensar seriamente en ello, pues una batería de pequeños temas y espacios de moda captan nuestra atención. Alimentos, vestidos y pequeños electrodomésticos, colocados en los estantes de grandes almacenes o en las tiendas de horario continuo, resplandecen con brillantez como si fueran a hacer realidad nuestros sueños. Pero después de comérnoslos, ponérnoslos o instalarlos en casa, pierden el brillo y parecen desvanecerse. Desde ese mismo momento, estamos condenados a seguir buscando otros nuevos.

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Desde el nacimiento del acero y el vidrio hemos venido buscando el espacio universal. Sin embargo, el espacio universal –que es casi como las coordenadas de la geometría euclídea- no alcanza completamente la homogeneidad aunque sea teóricamente homogéneo.

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Asi pues, el fenómeno de la homogeneización en la arquitectura de hoy se expresa de un modo completamente distinto de la búsqueda estética del espacio universal. Lo que está homogeneizado hoy en día es la propia sociedad, y los arquitectos luchan en vano contra ello.

(…)

Hoy en día, nuestro entorno está lleno de una brillantez vacua.

(…)

La vida simulada está formada sobre la base de una película trasparente que cubre la sociedad. Por ejemplo, hombres y mujeres se detienen en ciertos lugares antes de ir a casa a después del trabajo, con el fin de comer, cantar, bailar, charlar, ver películas, ir al teatro, practicar juegos o ir de compras. El tiempo y el espacio disponibles en algún lugar entre la oficina y el hogar –para hacer ejercicio, por ejemplo, en un club deportivo- son totalmente ficticios. La gente se come cualquier cosa que le sirvan como si aquellos platos hubieran sido preparados por su propia madre; cantan y bailan como si fueran estrellas de cine; debaten temas con quienquiera que esté a su alrededor como si fueran íntimos amigos; van de compras para tener buenos sueños, y actúan en un espacio artificial como si realmente estuvieran corriendo por el campo o nadando en el mar. Todo ellos son simulaciones, desde el espacio y las acciones hasta cualquier cosa que puedan obtener alli. Más aún, esta vida y este espacio simulados han invadido las oficinas y las casas en lugar de permanecer modestamente en una zona neutra como es el centro de la ciudad. Nuestras familias y nuestros trabajos son ahora todos simulados. Actualmente no podemos distinguir la realidad de la irrealidad.

Hemos perdido no solo el sentido de la vista, sino también el del gusto, el oído, el tacto y otros sentidos relacionados con la realidad. Ya no estamos seguros de lo que es realmente sabroso, de lo que oímos, de lo que realmente sentimos, etc. Nuestro cuerpo ha cambiado, aunque no nos demos cuenta de ello. Esto es así porque los sistemas de comunicación entre nosotros, o entre los bienes de consumo y nosotros han sufrido cambios radicales. Hemos transformado nuestro cuerpo de tal modo que podemos invertir la relación entre realidad e irrealidad con el siemple movimiento de una imagen.

El progreso de los medios de comunicación ha aislado las palabras de los bienes de consumo y ha diluido la realidad de estos. Ahora somos capaces de desarrollar imágenes sólo mediante palabras o videoimágenes, incluso aunque no vayan acompañadas de entidad alguna. De este modo, la vida simulada se ha autodifundido en otras áreas. Como resultado, la comunicación a través de los medios o, en otras palabras, la comunicación sin entidad ha llegado a ser una necesidad en nuestra vida diaria, hasta el punto de que la comunicación sin la red de los medios resulta imposible.

La comunicación que en su momento estuvo profundamente enraizada en una zona o en una comunidad local ha perdido su significación. Lo que prospera en nuestras ciudades se basa en esa red de medios de comunicación, efímeros e inéspecíficos, aunque numerosos, que rechazan la distancia física.

Cuando construimos arquitectura en una ciudad simulada, nos enfrentamos al desafío de resolver dos difíciles problemas. Uno es cómo podemos crear una obra de arquitectura como una entidad cuando los bienes de consumo, como entidades, están perdiendo su significación; el otro es como podemos construir arquitectura que resista el paso del tiempo cuando las comunidades locales han sido aniquiladas, y cuando las redes de comunicaciones a través de los medios aparecen y desaparecen sin cesar.

(…)

¿Qué clase de arquitectura sería posible bajo condiciones tan contradictorias?

No parece haber una respuesta definitiva para resolver estas cuestiones. Lo que a mi me resulta indudable, sin embargo, es que carece de sentido para nosotros quedarnos fuera de estas dos situaciones o tomar una postura desde la que no reconozcamos los dos problemas como contradicciones. Asi pues, lo que aún podemos hacer es ver en qué medida podemos salvar la brecha. Para el primer problema, se nos pide que resolvamos la cuestión de cómo hacer una arquitectura ficticia o a modo de videoimagen; para el segundo problema necesitamos aprender cómo hacer arquitectura efímera o provisional. Con ésto no quiero decir que la arquitectura haya de ser reemplazada con videoimágenes, ni que deban utilizarse edificios provisionales.

Más bien deberíamos construir arquitecturas ficticias y efímeras como entidades permanentes.

Extraido de la Revista El Croquis Nro 71. (1995). Autor: Toyo Ito. Arquitectura en una ciudad simulada. Traducción Jorge Sainz. Madrid.

Revista El Croquis

http://www.elcroquis.es/Home.aspx?lang=es

Más info

https://elojosalvaje.wordpress.com/?s=toyo+ito

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